Toyota Prius 1.5 16V
El nuevo Prius me ha abierto los ojos; ya no se necesita tener fe (tampoco cantidades indecentes de dinero): la tecnología verde es una realidad y yo ya creo.
- Ver para creer
- Funcionamiento
- La inversión
Yo confieso: antes no tenía conciencia. No sabía situar Kioto en el mapa, nunca me había preguntado dónde iban a parar los coches que “mueren” y siempre miraba la potencia del motor y nunca sus emisiones. Seguía en mis trece a pesar de que el mundo cambiaba a pasos agigantados.

Desde hace años, el mismísimo Leonardo diCaprio se pasea por Hollywood con un Prius (el de la primera generación), pero ni aun él podía convencerme: “¡qué fácil es no tener problemas de conciencia cuando tampoco los tienes de bolsillo!”, pensaba equivocadamente. Pero el futuro –un poco más negro de lo que muchos imaginábamos- ya está aquí: mientras lees estas líneas, la gasolina habrá alcanzado el precio más alto de la historia y muchos coches –catalogados como “sucios”- no podrán entrar en el centro de ciudades como Londres o París.
Ni Leonardo diCaprio, ni toda la OPEP, ni todos los ayuntamientos del mundo pudieron conmigo. Sin embargo, el responsable de mi cambio de mentalidad es este Toyota.
Sólo hace falta echar un vistazo para saber que no se trata de un coche más en la carretera. Una especie de avión, tal vez una nave nodriza... Con su luna posterior partida, con su gran spoiler, con su perfil en forma de cuña, parece esculpido por el viento. Según aseguran, la aerodinámica ha sido clave en su diseño, pero también ha servido para crear un modelo muy bello.
No lo olvides... Antes de que sigas leyendo, deberías saber que el Prius es el coche más limpio del planeta (nos referimos a los automóviles que poseen un motor de combustión interna, tanto gasolina como Diesel). Si usas este Toyota durante un año en lugar de cualquier coche con propulsión tradicional, como mínimo habrás ahorrado a la atmósfera una tonelada de CO2.
Además –según nuestras propias mediciones-, tan sólo necesita una media de 6 litros de combustible para recorrer 100 kilómetros. Cierto que hay coches con mejores consumos, pero no del tamaño de este Prius. Sin salirnos de la casa Toyota, el Corolla Sedán Diesel (monta el motor de 2 litros D4D de 116CV) sometido a las mismas mediciones necesitó medio litro más.
Por si fuera poco, todo el proceso de fabricación del Prius se ha realizado para facilitar su desguace.
¿Caro?, según se mire. ¿Limitado?, no mucho más que otros coches más contaminantes que nadie cuestiona. ¿Complicado?, ése era mi otro gran temor, yo que ni siquiera entiendo las instrucciones del más simple de los electrodomésticos... Pero ahí estaba el Prius, tecnológicamente tan sencillo. Vi el “milagro” con mis propios ojos, porque –siguiendo con las confesiones- me senté al volante muy desconfiada.
Para empezar, porque nada más acercarme al coche, éste se abre y yo ni siquiera había usado la llave (bueno, ya lo había visto: el último Grand Scénic que pasó por nuestras manos tenía un dispositivo similar); es más, ni siquiera tenía que insertarla en ningún lado para arrancar el vehículo (sorprendente sí, pero incluso lo tiene el Micra). Bastaba apretar un botón para que se pusiera en funcionamiento... Pero ahí llegaron mis primeros temores. ¿Eso estaba en marcha?
Nada de ruido: se movía como si fuera un coche fantasma.
Veo “Ready” parpadeando en la pantalla, pero no suena absolutamente nada -¿tendré que reiniciar, como con los ordenadores?-. No. El Prius estaba en funcionamiento; cual coche fantasma se movía por el párking, provocando el susto de algún peatón que, de repente, lo descubría a su lado.
Y seguían las sorpresas. El cambio era una especie de joystick y no funcionaba igual que otros automáticos. No existía la posición “P”, de párking, que hay que seleccionar en los aparcamientos. En su lugar, había que pulsar un botón en el salpicadero. Tampoco había distintos programas de uso: “R” para la marcha atrás, “N” como punto muerto, “D” para ponernos en funcionamiento y una insólita “B” que se insertaba a mano derecha. ¿Y esto?
Como es un coche completamente automático, se ha colocado esta marcha para que el motor retenga (así, no tenemos que frenar constantemente en las cuestas o en los atascos). ¡Ah!, una nota más para que no te pille de sorpresa: ya seleccionemos cualquiera de esas posiciones el mando volverá siempre al centro.
Nos ponemos manos al volante y descubrimos que éste es ovalado y más pequeño de lo normal. Aseguran que hace más cómoda la conducción y, tras varias horas en marcha, comprobamos que parece ajustarse perfectamente a las manos. Además, incorpora mandos de control de los distintos elementos, incluso un sistema de reconocimiento de voz (pero ya puedes desempolvar tu inglés, porque no “entiende” español).

Sin embargo, entre tanto estudio ergonómico, cómo no se les ha ocurrido poner regulación en profundidad al volante o por qué no han colocado mejor el freno de estacionamiento (es de pie y queda a la incómoda altura de la espinilla)... También me cuesta acostumbrarme a la luna trasera: partida por el spoiler, distrae un poco, aunque no resta visibilidad.
Un último vistazo al salpicadero para familiarizarnos con la pantalla táctil. Ya habíamos comprobado lo bien que funcionan en coches como el Mondeo –por ejemplo-: todas las funciones a la vista y al alcance del dedo... Pero, qué era esa especie de gráfico donde se veía cómo rodaba el vehículo o esos diagramas sobre el consumo... Y es que las auténticas sorpresas aún estaban por llegar.
El Prius es un coche híbrido: combina un motor de gasolina con uno eléctrico. Si lo que has leído hasta ahora no te impresiona, espera a descubrir su funcionamiento.
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