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El tercer constructor mundial está inmerso en un ambicioso plan de reestructuración en el que el despido de entre 25.000 a 30.000 operarios de su plantilla y el cierre de 12 factorías son las dos piedras angulares. En principio, este reajuste de personal está limitado a un determinado número de plantas y previsto para 2012.
En estos momentos, hay 87.000 operarios que trabajan en las factorías que Ford tiene repartidas por toda Norteamérica. 11.000 de ellos se han acogido al programa de bajas incentivadas este mismo año y, para finales de 2007, la compañía espera que se sumen otros tantos. En los siguientes cuatro años, el programa de ajuste de la plantilla se desacelera para conseguir el objetivo de 32.000 puestos de trabajo menos en 2012.
Sin embargo, los analistas de Wall Street opinan que la reducción no es suficiente para sacar a Ford de la situación en la que se encuentra. A ello hay que añadir el anuncio de un recorte de la producción en un 21 por ciento para este año, especialmente en los segmentos más rentables -todo terrenos y pick-ups-, y a la revisión a la baja de los resultados financieros del mes de julio.
Estos tres hechos han propiciado que Ford comience a replantearse su programa de despidos. Ya la pasada semana anunció que estudiaba deshacerse de 6.000 cargos directivos.
Aunque aún no ha tomado una decisión final, en estos momentos Ford ha realizado aproximaciones al sindicato United Auto Workers para determinar cómo serán las nuevas bajas incentivadas y prejubilaciones y analizar una más que probable ampliación a todas las factorías de Estados Unidos y no sólo a aquellas que tienen una menor producción. La compañía ha anunciado que hará pública su decisión a mediados del próximo mes de septiembre, aunque ya ha adelantado que los trabajadores de las plantas de Canadá y México no se verán afectados por el reajuste.
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