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Peatones y conductores están condenados a entenderse. Sin embargo, unas veces los coches no respetan a los viandantes y, en otras ocasiones, son los peatones los que sorprenden a los conductores en zonas poco propicias para caminar.
Los semáforos son siempre fuente de problemas: para los conductores siempre está demasiado tiempo en rojo y para los peatones, sin embargo, hay pocos segundos para cruzar las calles.
El comportamiento extraño de algunos peatones tampoco acaba aquí y trae por la “calle de la amargura” a más de un conductor. Los viandantes también hablan por el teléfono móvil y se despistan; beben alcohol y se cruzan en las calles por los lugares más insospechados; no suelen llevar la ropa adecuada –reflectante- para ser vistos cuando circulan por vías poco iluminadas…
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Una cuarta parte de los peatones cruzan la calle por el lugar más inapropiado, según un estudio de Consumer y Mapfre.
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