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España es el séptimo productor mundial y el tercero en Europa. Además, es el cuarto exportador de turismos, por detrás de Japón, Alemania y Francia.
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Las factorías españolas dedicadas a la fabricación de automóviles están recibiendo duros golpes, ya que su producción muestra una clara tendencia a la baja. Hasta el verano, los responsables del sector hablaban de una caída aceptable, pero los meses de julio y agosto han sido casi catastróficos: en el acumulado del año, el descenso llega ya al 8,7 por ciento.
Por el contrario, las matriculaciones siguen subiendo. En agosto, un mes en el que el mercado no suele ser muy activo, se han vendido 96.000 unidades. A lo largo de los 8 primeros meses del año, el aumento en las operaciones ha alcanzado el 2,3 por ciento, lo que significa una lanzadera hacia otro ejercicio récord.
¿Dónde está la explicación a esta paradoja? La clave es la exportación. España destina al mercado exterior el 80 por ciento de los vehículos que produce y sus principales clientes atraviesan “horas bajas”: las matriculaciones han caído en Alemania, Francia, Reino Unido e Italia.
Las plantas españolas, en precario equilibrio
Por desgracia, la situación no tiene visos de mejorar, lo que ya ha afectado a las principales factorías españolas. Por ejemplo, la planta de Volkswagen en Navarra es una de las incluidas en un posible ajuste del consorcio, que necesita reducir su capacidad de producción en Europa. Seat, otra de las marcas del grupo, se enfrenta a un excedente de 800 personas y Audi ya ha pedido a la firma española que mejore su rentabilidad.
Las instalaciones de General Motors en Figueruelas (Zaragoza) también atraviesan una situación difícil. Ya no está tan claro que el nuevo Meriva se fabrique en nuestro país a partir de 2009, ya que los bajos costes laborales de la planta de Glivice (Polonia) representan una tentación para el grupo. Si la manufactura del modelo se traslada, peligrarán hasta 5.000 puestos de trabajo en Aragón.
El día 3 de octubre, la fábrica de Zaragoza debe presentar un plan para asegurarse el montaje del Meriva. La dirección ha pedido sacrificios a los trabajadores y éstos se han mostrado de acuerdo en aceptar medidas de flexibilidad horaria y de producción. Sin embargo, la propuesta salarial representa un escollo, ya que los empleados no están dispuestos a congelar sus sueldos durante 10 años, a partir de 2008. Asimismo, esperan que sus compañeros polacos cumplan lo pactado y no acepten rebajas salariales para hacerse con la adjudicación del modelo.
Tampoco Renault se salva de las malas noticias: la producción del Modus ha tenido que ser reducida por tercera vez, ya que sus ventas no marchan al ritmo esperado.
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Nissan será el único fabricante con representación en España que aumentará este año su producción. Su planta de la Zona Franca ensamblará 176.700 vehículos, 3.700 más que los previstos inicialmente.
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Mientras tanto, los organismos oficiales se esfuerzan por tranquilizar los ánimos del sector. El Ministerio de Industria ya ha reconocido que el tipo de vehículo que se fabrica en España (donde se manufacturan turismos pequeños, generalmente) no es el más adecuado para competir en el mercado actual, demasiado abierto a la globalización. Sin embargo, los observadores creen que la falta de demanda de estos coches es temporal: en breve, las matriculaciones aumentarán en este segmento, debido a las exigencias marcadas por la reducción de las emisiones contaminantes.
Cierto es que muchos de los vehículos manufacturados en nuestro país se encuentran al final de su vida comercial, pero también hay que tener en cuenta otros problemas. Así, la lucha por las nuevas generaciones de estos modelos es muy dura y, además, hay que observar con cuidado la expansión de las marcas asiáticas, con vehículos muy competitivos que ganan terreno rápidamente. En el sector aún ven motivos para el optimismo: la industria automovilística española podría salir reforzada de esta crisis si la aprovecha para dar un salto cualitativo, fabricando modelos con un mayor valor añadido, según indica el diario “ABC”.
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La preocupación es patente en el sector. Juan Antonio Fernández de Sevilla, presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones, ya se ha preguntado qué pasará si una marca decide abandonar su producción en España. Asimismo, ha denunciado la escasa ayuda del Gobierno y el reducido margen de maniobra de los fabricantes. En su opinión, la única solución es “trabajar más y cobrar menos”, según recoge el diario “El País”.
Por su parte, los sindicatos, que no están dispuestos a ceder en sus demandas salariales, ven la salida en un mayor esfuerzo en I+D, aunque saben que es un planteamiento difícil. ¿Cuál es la solución? El Salón de Frankfurt, que acaba de celebrarse, ha dado algunas pistas: la innovación (con vehículos híbridos) es uno de los caminos con más garantías.
No todo son negros nubarrones: el propio De Sevilla ha enumerado algunos de los puntos fuertes de las factorías españolas, como su nivel de productividad, la inversión que reciben (en los últimos cinco años, ha llegado a los 8.500 millones de euros) y la excelente formación de sus empleados, según recoge el periódico “Cinco Días”.
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Se pierden 1.000 empleos al año
Según un informe presentado por Comisiónes Obreras, la industria española del automóvil pierde 1.000 empleos al año. Así, desde el año 2000 las plantillas del sector cuentan con 5.000 trabajadores menos, y eso que en 2004 se creó empleo: 457 puestos más.
El estudio del sindicato denuncia que la parte de la industria que se dedica exclusivamente a la prodcción de coches (sin contar la industria auxiliar) ha eliminado un 3,7 por ciento de sus plantillas entre 2000 y 2004, lo que supone una reducción de 9.370 empleos. Sólo tres fabricantes aumentaron sus plantillas: Nissan, Renault y Ford, mientas que los demás redujeron personal. En cambio, los productores de componentes han incrementado sus nóminas en 4.300 trabajadores, lo que ha mitigado en parte la pérdida de puestos.
En España trabajan actualmente 324.596 empleados en el sector de la automoción, de los que 72.046 se dedican a tareas de construcción, mientras que el resto pertenece al subsector auxiliar.
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