No todo en la conducción es coser y cantar: el automóvil puede convertirse en algo incontrolado cuando menos te lo esperas. Muchos factores entran en juego, como la velocidad inadecuada, las condiciones del suelo, la incorrecta presión de neumáticos o la toma de curvas de manera incorrecta.
Para evitar todas estas situaciones, lo primero que debemos aprender es a colocarnos delante del volante. La posición de las manos, la altura del reposacabezas o la correcta utilización del cinturón de seguridad nos pueden salvar la vida.
Una vez en marcha, el sentido común y la prudencia deben guiar todas nuestras acciones. Es importante alejarse del exceso de confianza y prestar siempre mucha atención en carretera: la concentración nos ayuda a afrontar cualquier situación imprevista.
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