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El presidente de Fiat, Paolo Fresco, se reunió el pasado viernes con el presidente de la República italiana, Silvio Berlusconi, para buscar vías de solución a la desesperada situación económica del consorcio italiano.
De ese encuentro, Fiat no ha sacado nada en claro. Berlusconi realizó algunas promesas vagas y generales y lo único concreto, una serie de incentivos a la producción de vehículos ecológicos, parece algo escaso. Así lo han señalado los propios sindicatos: "El Gobierno debe decir qué está dispuesto a incluir en los Presupuestos del Estado para ayudar a la industria automovilística"; además, han añadido que las medidas de respaldo "son insuficientes y no hacen frente al alcance real de la crisis".
Y es que el Gobierno italiano no tiene la posibilidad de hacer más. Roma se encuentra con varios obstáculos para hacer efectivas las necesarias ayudas. En primer lugar hay que tener en cuenta restricciones comunitarias, que no permiten las subvenciones a empresas privadas en aras a no atentar a la competencia.
Ante esto, el Ejecutivo transalpino ya ha lanzado el globo sonda de que las medidas que piensa tomar no beneficiarán solamente a Fiat, sino a toda la industria automovilística italiana, en graves dificultades.
El segundo gran problema con el que se encuentra Berlusconi y su equipo es la diversificación del negocio de Fiat. Como consecuencia de esto, la cuota de mercado doméstico se ha reducida a la mitad desde 1990 y más de la mitad de los empleados de la compañía desarrollan sus labores fuera de Italia.
Los analistas, con ayudas y todo, dudan bastante de que la situación se vaya a arreglar de forma fácil. Según Francesco Giavazzi, economista de la Universidad Bocconi de Milán, "ésta es una compañía que ha mostrado ser incapaz de generar efectivo en un mercado libre. La subvención del Gobierno no aumenta su habilidad para vender coches y ganar dinero".
Por otra parte, los bancos acreedores han advertido al grupo italiano que debe vender activos o de lo contrario se encontrará con una gran depreciación de sus obligaciones. Esto, según los bancos, lo deberá hacer haciendo frente a un proceso de reestructuración más profundo que el que se ha previsto.
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