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El pasado 9 de septiembre, moría Rafael Escamilla, un auténtico padre de todos aquellos que nos dedicamos al periodismo del motor.
En los años 60, Escamilla entró como un vendaval en todos los hogares españoles. Era la época en que los coches eran “ese extraño objeto del deseo”, algo más que un simple medio de transporte. Había mucho trabajo que hacer en una España que empezaba a motorizarse.
Primero en la revista “Velocidad”, después en RNE y TVE y, por último, dirigiendo “Coche Actual” (editada por Motorpress-Ibérica), Escamilla nos habló de conducción, de mecánica y, sobre todo, de seguridad vial.
Pero, sin duda, Escamilla pasará a la historia de la automoción española por su valor.
En 1968, en TVE, quiso hacer una demostración de cómo actuar en caso de caer con un vehículo a un río. Se arrojó con un Seat 600 a la piscina de la Casa de Campo. Pudimos ver por la tele cómo la presión del agua impedía la apertura de las puertas... Y Escamilla no salía. Los buzos estaban a punto de entrar, pero –de repente- el intrépido periodista consiguió abrir la ventanilla girando la manivela y escapó del coche. Según declaró entonces, quería demostrar que, “en cualquier situación, hay que mantener la serenidad”.
Esta anécdota se ha contado mil veces entre los profesionales del motor. Según se explica, se salió también el aceite y Escamilla –por si fuera poco con la presión del agua- no podía ver.
Escamilla siempre iba “mucho más allá”. Sus compañeros nos comentan que recreaba todo, incluido los accidentes. Por ejemplo, para ver los efectos de los rayos sobre los coches, no dudó en meter un ratón en una “jaula faraday” y ver qué pasaba. ¡Y estamos hablando de los años 60!
"La gran masa de gente que tiene un coche no conoce la máquina. Si el programa no lo haces informativo, útil, siguen en la ignorancia; de esta manera, les resuelves las pegas. Les enseñas a arreglar sus averías y a conducir", declaraba al diario "Alcázar" en 1970.
Escamilla en acción
Paco Costas y “La Segunda Oportunidad”
Él se considera un poco “sucesor” de Escamilla, pero –ante todo- eran “buenos amigos”. Paco Costas también nos enseñó todo lo necesario para evitar accidentes en su programa “La Segunda Oportunidad”, de TVE.
Hacer estos programas televisivos era muy complicado, ya que el periodismo del motor todavía estaba en pañales. Eran otros tiempos y “las marcas, por ejemplo, no nos dejaban coches”, nos comenta Paco.
Paco Costas intentó enseñarnos el abc de la seguridad: ser mejores conductores, anticiparse a los imprevistos, cuidar el coche... Sin embargo, aún queda mucho que hacer: “Hay que enseñar mucha educación. Ahora se conduce mucho mejor, pero hay mucha más velocidad, más potencia y más riesgo”, nos advierte.
Costas, además, nos acercó al “Gran Circo” de la Fórmula 1. Nos llevó de circuitos, nos presentó a los míticos Fangio, Niki Lauda, Alain Prost...
Bernardo Hernández y la lucha constante
Desde 1998, dirige “Seguridad Vial”, que ahora emiten en TVE Canarias. Él mejor que nadie puede describirnos el porqué de estos programas televisivos: “Es importante que alguien ajeno, una recomendación neutral, nos diga qué tenemos que hacer. Los mensajes que nos llegan desde la DGT tienen menos calado. Y es que podemos pensar que ‘¿cómo alguien que me multa me dice cómo actuar?’”, nos asegura Bernardo.
“Tolo lo que se haga por salvar la vida justifica este trabajo. El obispo de Canarias me dijo una vez que rezaba por mí todas las noches para que pudiera salvar vidas. La gente cree que la accidentalidad es un mostruo invencible, pero no por ello hay que dejar de luchar”, comenta este periodista.
Podría estar hablando horas y horas de las anécdotas que viven cuando ruedan sus programas. Por ejemplo, cómo tuvieron que salir huyendo mientras apedreaban su coche un grupo de motoristas que iba sin casco o cómo un borracho los perseguía por la calle para decirles que, “hasta que no se le pasara, no sacaba el coche del garaje”.
En definitiva, en este trabajo es imposible desconectar: “No me atrevo a cruzar un paso de peatones en rojo aunque la calle esté desierta”, nos asegura Bernardo.
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