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Son muchos los conductores que eligen la noche para sus desplazamientos por carretera. Probablemente tú mismo hayas pronunciado frases como “de madrugada hay mucho menos tráfico”, “me canso la mitad” o “los viajes son más rápidos y tranquilos”. Es verdad que no todos los conductores respondemos del mismo modo al volante durante las horas sin luz, pero, antes de que vuelvas a elegir la noche, convendría que prestaras atención a algunos datos.
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Según revelan los últimos estudios, casi la mitad de los accidentes de tráfico mortales (un 47 por ciento) ocurre de noche, cuando el tráfico vial es –curiosamente- cinco veces menor que de día; en pocas palabras, tenemos el doble de posibilidades de sufrir una colisión. Y, aunque pensemos que en esta estadística influyen también factores como el alcohol, la velocidad o la somnolencia (que evidentemente afectan), ninguno de ellos resulta tan contundente como la pérdida de visión; así, los meses con mayor siniestralidad no corresponden a los períodos vacacionales (donde hay más desplazamientos), sino a aquellos en los que el crepúsculo es máximo (hay menos horas de luz).
Estas cifras demuestran por sí solas lo que los informes oftalmológicos llevan años anunciando: de noche, las personas sufrimos una pérdida de agudeza visual de hasta el 70 por ciento, lo que sitúa a cualquier conductor con una visión considerada “buena” en las mismas condiciones en que se encuentra de día un miope. Desaparecen los colores, se borran los contrastes y se reduce el sentido de la profundidad. Sorprendente, ¿verdad? Pues, además, podemos llegar a subestimar hasta en un 50 por ciento la distancia real entre nuestro propio vehículo y un eventual obstáculo.
Con semejantes afirmaciones, las luces deberían ser ya uno de los elementos de seguridad activa indispensables a la hora de comprar un vehículo: a menor tiempo en identificar un imprevisto, mayor oportunidad de evitar un accidente. Sin embargo, mientras exigimos que nuestro coche disponga de ESP, asistente a la frenada de emergencia o buenos neumáticos, todavía pocos nos preocupamos por el tipo de iluminación que monta. Y hay diferencia.
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Xenón y bixenón, ¿la solución?
A día de hoy, y en el punto en el que se encuentra la industria, las luces de xenón son las más recomendadas por los expertos. Es más, recientemente, un responsable de Philips Auto nos comentaba durante una presentación que únicamente circula con ese tipo de iluminación. No es de extrañar: los faros de xenón aportan dos veces y media más de luz que los convencionales, consumen un 25 por ciento menos (utilizan una descarga de 35 watios, en vez de los habituales 55 W) y duran hasta cinco veces más, con una vida útil cercana a las 2.500 horas. Por si fuera poco, disponen de un sistema regulador automático de alcance luminoso que evita el deslumbramiento a los conductores que circulan en sentido contrario.
El gran problema al que se han tenido que enfrentar hasta ahora este tipo de faros (cada vez más frecuentes en los coches como equipamiento de serie) es a la necesidad de obtener un calentamiento previo para ofrecer la máxima capacidad lumínica. Este retardo los convirtió en inservibles para las luces de carretera, hasta que, mediante un movimiento basculante del reflector, los técnicos han conseguido que las propias luces de cruce funcionen como “largas”, sin necesidad de incorporar faros distintos. Es lo que ya se conoce y comercializa con el nombre de luces bi-xenón.
Un paso más: las luces dinámicas
Las posibilidades que ofrecen los faros bixenón han permitido a la industria seguir avanzando en la mejora de la iluminación. En este sentido, las luces conocidas como “adaptativas” (bien sea por faros giratorios que se orientan en las curvas o bien por reflectores adicionales que se encienden en los cruces para mostrar los márgenes) ya empiezan a incorporarse en muchos modelos, y no sólo de gama alta. Opel, por ejemplo, ha combinado ambos sistemas en la última generación de su Vectra.
Pero, como ocurre con la informática, el mercado sigue evolucionando. Lo último en luces dinámicas lo acaba de presentar Hella, uno de los principales fabricantes de lámparas para el automóvil. Hablamos de las luces automáticas inteligentes, las que se adaptan a todas las necesidades de circulación.
Así, mediante un módulo cilíndrico transversal situado en el interior del proyector, el faro es capaz de ofrecer una iluminación orientativa cuando se circula lentamente y se gira el volante o se acciona el intermitente; también actúan en función de la velocidad: cuando se circula a menos de 50 km/h, disminuyen su alcance y ensanchan la iluminación para ver mejor en cruces (ideal para ciudad). En cambio, desde los 50 hasta los 110 km/h muestran el haz tradicional con menor profundidad en el lado del conductor para evitar deslumbramientos (función de carretera). Por último, al superar los 110 km/h igualan la profundidad de ambos faros a su alcance máximo para ofrecer la mejor intensidad (fase de autopista).
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Leds, la evolución total
En 2008 está prevista la llegada al mercado de los diodos emisores de luz, más conocidos como leds. Por ahora se han utilizado en pilotos traseros y terceras luces de freno, pero su adaptación a las luces delanteras ya es un hecho e introducirá mejoras significativas.
En primer lugar, porque se trata de distintos dispositivos electrónicos que carecen de lámparas, a diferencia de los faros halógenos o de xenón. Esto ofrece unas enormes posibilidades de agrupamiento y de diseño, además de permitir distribuciones de luz diferentes (encendiendo una o varias a la vez), incluyendo una función añadida de menor potencia para la luz diurna. Pero no acaban aquí sus ventajas: los leds muestran una intensidad de luz similar a los faros de xenón, con una mucho mayor duración (aseguran que igual que la vida del automóvil) y un menor consumo (utiliza una descarga menor de 20 W). La industria europea ya trabaja en su homologación.
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